Subes las escaleras con dificultad, pero te gusta tumbarse al sol, aunque haga calor. En tu habitación, el nido está preparado. Has visto a otras, ¿lo reconoce como tal? No lo puedo asegurar, pero por tu comportamiento parece muy cómodo. Lo buscas y lo disfrutas cada vez más. Es para ti sola, ¡no molestar! La forma arriñonada te protege esta mullida con toallas limpias y confortable. Un lugar ideal para descansar y relajarse. ¡Qué tranquilidad!

Tiernos cachorros biewer
Descansando con los hermanos
Sosiego, piel, afecto

Le damos espacio. Su instinto la ayuda. Ella elegirá al final el lugar, no tiene puertas que se lo impidan. Nosotros observamos a distancia y portamos los pertrechos. No hay problema. Apartamos al resto de la manada para que no se sienta estresada ni amenazada. Nuestra presencia la acompaña, no la abandonamos, dure el tiempo que dure el proceso del parto. Todo está preparado: saca mocos, tijeras, gasas, paños, termómetros… el teléfono para llamar al veterinario si hay complicaciones. Sabemos cuántos cachorros vienen y si sus dimensiones permiten el parto sin dificultad para la madre. Una semana antes de salir de cuentas, han pasado por el veterinario. En las radiografías se mide el cráneo de los cachorros, la posición y el tamaño de la pelvis de la madre. Hay que evitar problemas de última hora o actuar con tiempo ante la posibilidad de complicaciones.

Cuando comienzan los cambios en su cuerpo, nuestras adorables mascotas, al sentirnos cerca, se tranquilizan. Desconozco si son conscientes en estos momentos de lo que les ocurre, ¿Por qué esta transformación?, nos buscan con más frecuencia. Se tumban junto a nosotros, se colocan boca arriba, les encanta que les acariciemos el tripón. Se relajan, y a nosotros nos encanta acariciar esas barrigotas. Así pasan los días hasta que comenzamos a sentir el movimiento de los cachorros. El parto está próximo.

Hoy estás muy inquieta. Escarbas, ya no comes, pones patas arriba todas las toallas del nido. Te vas, vuelves, escarbas otra vez con tus pequeñas patas delanteras, te ayudas con las traseras. Nos miras, te paras. Te hablamos, intentamos tranquilizarte, pero no nos acercamos. Nos separa el largo de un brazo. Todo está en su naturaleza. Creo que sabe que no la dejaremos sola. Estamos allí como siempre. Te relajas, te alteras nuevamente, no te quejas, no chillas.

Pensábamos que las perras chillaban al parir, pero las nuestras no chillan. Cuando nos damos cuenta, aparece la cabeza o el culo del cachorro. Viene envuelto en su bolsa. La atención es máxima. Los nervios intentan dominarnos, pero debemos mantener la calma. Si viene de culo, intervenimos rápidamente. Si viene de cabeza, observamos. Si va bien, no intervenimos, dejamos a la madre. Una vez fuera, cogemos al cachorro, tiramos cuidadosamente del cordón, sacamos la placenta. Es hora de romper la bolsa escurridiza y dura. La abrimos y cortamos el cordón. Sacamos mocos y flemas. Tiene que llorar. Le frotamos enérgicamente con un paño suave el lomo. Debe llorar. Tu nos observas, estas nerviosa, quiere llegar al cachorro. Seguimos frotando y chilla. El chillido es vida. Las válvulas se cerraron correctamente. Es hora de dejártelo, lo lames, estás contenta, lo limpias. Es el primero. El resto, fue perfecto, gracias, gracias, gracias, nacieron bien.

Agosto de 2024

COTTON BABIES 2024


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